El mundo no puede seguir normalizando que Estados Unidos pisotee la moral y la dignidad de otras naciones y que actúe como policía del mundo.
Los bombardeos perpetrados por Estados Unidos e Israel contra Irán son totalmente inaceptables. Desde el movimiento Código Patria miramos con repudio y consternación la violación cometida por los invasores del mundo: Estados Unidos y los sedientos de sangre de Israel. Con pena y lástima observamos los aplausos de quienes celebran las injusticias y el derramamiento de sangre cometido por Trump en Venezuela e irán, en esta más reciente ocasión en complicidad con los llamados “pueblo elegido de Dios”.
Esto constituye una violación al derecho de los pueblos. Entendemos que, si el dictador venezolano Nicolás Maduro era un opresor de su pueblo, correspondía al pueblo venezolano levantarse y restaurar su país, no pasar de una dictadura local a una dictadura extranjera. De igual manera, que si existe una situación en Irán, es el pueblo iraní quien debe luchar por su nación.
Condenamos enérgicamente las invasiones y ataques de Estados Unidos a otros países y su actuación como policía internacional.
Código Patria es un movimiento local dominicano; sin embargo, existen conflictos de escala mundial ante los cuales no podemos omitir nuestra preocupación, mucho menos cuando también somos una colonia moderna de Estados Unidos. Respetamos la soberanía de todos los pueblos y el derecho que tienen los países a restaurarse a sí mismos sin los chantajes del imperialismo. Estados Unidos penetra las fronteras de pueblos soberanos para satisfacer sus caprichos injerencistas.
Sabemos que no hay buenos ni villanos en esta guerra de intereses, pero resulta asqueante la doble moral del mundo: si otro país lanza bombas es considerado terrorismo; pero si es el dúo Estados Unidos e Israel quienes violan fronteras y lanzan bombas, entonces se presenta como una lucha por la paz y la libertad.
Como dominicanos debemos mirarnos en el espejo de otros países y también en el espejo de nuestro propio pasado. En 1965, el presidente de EE. UU., Lyndon B. Johnson, envió más de 20,000 infantes de marina a nuestro país para oprimir al pueblo dominicano e imponer sus intereses en suelo nacional, Interfiriendo en un conflicto local por el que atravesaba la nación dominicana en ese entonces.
Años antes, en el período de 1916 a 1924, bajo órdenes del presidente estadounidense Woodrow Wilson, se justificó el secuestro de las aduanas dominicanas alegando un supuesto incumplimiento en el pago de la deuda externa, con el objetivo de asegurar la influencia regional durante la Primera Guerra Mundial.
En Cuba, en la Bahía de Cochinos, el 15 de abril de 1961, aviones enviados por Estados Unidos bombardearon bases cubanas para aniquilar a la Fuerza Aérea Revolucionaria y facilitar el desembarco en Playa Girón de la llamada Brigada 2506, compuesta por exiliados entrenados por la CIA. El ataque perseguía derrocar a Fidel Castro e instaurar un gobierno formado en Miami que sería obediente a los intereses estadounidenses; sin embargo, fue repelido y sofocado por el Ejército cubano tras más de 72 horas de combates. Esta invasión se produjo en el contexto del acercamiento del gobierno de Castro a la Unión Soviética.
En Panamá, la noche del 20 de diciembre de 1989, el presidente estadounidense George H. W. Bush ordenó una operación militar enviando más de 26,000 soldados para desmantelar el Ejército panameño y capturar a Manuel Antonio Noriega.
Sin detallar el despojo territorial a México durante la guerra de 1846–1848, antes de añadir las recientes violaciones ocurridas en Venezuela en enero de 2026 y en Irán a finales de febrero del mismo año, la lista de intervenciones de Estados Unidos en otros países resulta devastadora. El derramamiento de sangre y la violación de fronteras en distintas partes del mundo no parecen tener límites cuando se trata de imponer sus intereses por encima del bienestar de otras naciones.
Muchos saboteadores de opinión utilizarán este artículo para señalar y categorizar a Código Patria, este movimiento domincano solo le es fiel a la bandera dominicana y a los hombres y mujeres que liberaron nuestro país del yugo haitiano, pero como dijimos anteriormente mantenemos firme y sin negociación alguna nuestra postura: el derecho de los pueblos a restaurarse sin intervención de potencias que no busquen el bienestar de dichos países sino más bien imponer sus propios intereses.